| Ciclo "Cine-ensayo" en Círculo Abierto |
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| Escrito por Alfredo Romero | |
| domingo, 09 de diciembre de 2007 | |
El Film-Ensayo se ha convertido en la fórmula más imaginativa, libre y profunda del cine contemporáneo, especialmente tras el auge de la reflexión interior en el medio cinematográfico, con motivo del centenario del nacimiento del celuloide a mediados de los años noventa. Autores como Jean Luc Godard, Alexander Sokurov, Jia Zhang Ke, Naomi Kawase, o la recientemente desaparecida Danielle Huillet, han contribuido a aumentar sus límites expresivos, hasta casi eliminarlos, haciendo estéril el antiguo debate sobre las fronteras entre el documental y la ficción, la realidad y el matiz del pensamiento del autor actuando sobre ella. En ese sentido, y contradiciendo las voces que acusan al cine-ensayo de carecer de fuerza dramática, los autores citados y otros muchos realizan un cine de acción y, precisando más, un cine de intervención, que reniega tanto del falso y vacío misticismo (ahí está ese engendro llamado “El Gran Silencio”) como del panfleto simple e ingenuo (“Fahrenheit 9/11” o “Una verdad incómoda”).
Es complicado definir lo que es el cine-ensayo sin caer en taxonomías inútiles ó, peor aún, sin estrechar los márgenes que los propios autores fijaron para sus obras. Con carácter general, se considera que está filmado en primera persona y cruza técnicas y estilos, con el objetivo de hablar sobre una realidad, histórica o actual, desde un punto de vista personal. Su semejanza con el ensayo literario ha llevado a algunos críticos a hablar de cine de escritura, afirmación no del todo cierta, pues en muchas ocasiones es el pensamiento del autor el que se deja arrastrar por lo que filma, transformando sus ideas y visiones de conjunto, en un diálogo con la obra que no se produce en el medio literario.
La distribución de las obras de cine-ensayo es absolutamente deficiente. Ni siquiera el buen momento que vive el documental de autor en nuestro país, con autores reconocidos internacionalmente como Isaki Lacuesta, Pere Portabella o Albert Serra, ha podido con la fuerza imparable de la máquina exhibidora, que dispone, organiza, veta, condiciona y controla lo que se puede o no se puede ver en las grandes pantallas. Desde el Círculo de Bellas Artes de Ciudad Real, hemos tratado de subsanar en una pequeña parte este mal, seleccionando aquellas obras que nunca fueron estrenadas por aquí, o a las que el tiempo y la industria han maltratado reiteradamente.
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